sábado, 20 de marzo de 2010

Lo dicho

Ya lo he dicho. Tal como lo siento, lo digo. Siento si te ha ofendido, pero es lo que siento. No siento haberlo dicho, necesitabas saberlo. Lo volvería a decir. No podemos estar siempre de acuerdo. No te gusta lo dicho. Los amigos no dicen eso. Los amigos dicen cosas que te gusta oir. Ui. Lo siento. Creo que no tenemos el mismo concepto de amigos. Si no te gusta lo dicho, ya he dicho que lo siento. Siento que no te guste. No siento haberlo dicho. Lo dicho.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Historias de barra

Es un mundo ser un camarero. Una vez alguien me dijo que es una profesión donde serían necesarios algunos conocimientos de psicología. Ayer, me explicaron dos situaciones que le dieron la razón. O no. Pero lo que sí hay que tener, es enormes dosis de paciencia y de habilidades sociales:

2. "Entre semana, si no estáis vosotros (amigos), lo único que entran son frikis, y lo peor, del típico que se sienta diciendo "hoy he tenido un día horrible", ante lo que solo puedo pensar: "no jodas, y me lo vas a explicar entero, desde las 9 de la mañana...""

1. Entran un chico, un señor de unos 50 años, acompañado de una chica de muy buen ver. Cuando se han acabado la copa, el señor se dirige al camarero: "Mira chico, bien que lo siento, pero no me he dado cuenta al pedir que no llevaba dinero, así que no te voy a pagar". Ante la indignación de este, prosigue: "no te pongas así, hombre... Bah, si quieres vete al baño con mi chica y te lo cobras en carnes..." Él, (por eso lo explica), la rechazó. Y claro, cliente y señora se enfadaron a lo grande "Cómo te atreves a hacerle un desprecio así! Tú a ella no le faltas delante mío!". Finalmente, marcharon del bar, sin haber llegado la sangre al río.

Y como de todas las tardes/noches donde nos explicamos nuestras penas laborales, salgo de allí pensando que a mí no me motiva demasiado mi trabajo (¿quién me mandaría estudiar psicología?), pero que cada uno lleva su cruz, y todavía no me he encontrado con ninguna que no me importara cargar. Quizás yo debí nacer millonaria. No tengo aspiraciones, ni preferencias, más allá de "no quiero ir" cada vez que suena el despertador.