lunes, 27 de junio de 2011

Y es que a mí, nunca me gustaron las verbenas...

Llega el temido día de la verbena de San Juan. La gente hace planes. Yo planifico quedarme en el sofá. Pero intento ser realista. Soy nueva en el pueblo, no conozco gente, y esta es una buena oportunidad. Así que acepto el plan que al no depender de coche, me permite escapatoria: cena y mojito en la playa.

Y me mentalizo toda la semana. Pero darle muchas vueltas es peor. Soy consciente que no me apetece conocer gente. Ya tengo gente! Y menos así, como prestada, no por elección. Y pienso en mi casa. Sí, MI CASA, y pienso en Lavapiés, y en que las vacaciones me han sentado genial, y ya puedo volver. Ah, no, que no eran vacaciones... Y otra vez me quedo sin aire.

Echo cálculos. Con la que he liado, he de aguantar como mínimo un par de años, para compensar a mis padres por el esfuerzo. Y no marcharme con un contrato inferior a dos años. Bueno, a uno. No, a seis meses. Y la conciencia no me deja bajar más.

Y con el porcentaje de oxígeno reducido, bajo a la playa. Primer contacto. Gente agradable. Pero gente de otros. Conversaciones de pueblo catalán: dimonis, música catalana... Y yo me entretengo mirando los fuegos artificiales. Porque a pesar que todo está listo para cenar, se decide esperar a los rezagados, que deciden rezagarse una hora y media. Cuando llegan ya es muy de noche, no queda hambre, el estómago ha pensado que no le toca cenar, y la falta de luz no ayuda. “Cómo pasa el tiempo, en dos o tres meses, ya está aquí septiembre”. “Claro, así al azar, en plan sorpresa”. Sonrío. Me siento bien, relajada. Sin más.

Se recoge la cena y vamos al chiringuito. Se acaban las conversaciones, ya que el volumen de la música no las permite. Música instrumental que acompañaría un cóctel en un cojín, pero no invita a bailar. Y pienso que ya he conocido bastante gente por esta semana. Y me vuelvo a casa, pensando en las terrazas de Lavapiés.

Y lo que de verdad me preocupa, es que sé que si mañana volviera a mi barrio, volvería a ver fantasmas (su fantasma) en cada esquina, en cada bar, y volvería hacia atrás. Ahora sólo es cuestión de tiempo, que dicen que lo pone todo en su sitio. Pues a ver si sabe situarme a mí.

“Nunca digas adiós, porque decir adiós, significa decir, irte lejos, irte lejos significa irse. E irse, significa olvidar.” (Peter Pan)

miércoles, 1 de junio de 2011

Piratas del Caribe en Mareas Misteriosas (és a dir, IV)

Más de lo mismo. Han descubierto una fórmula que funciona, y la utilizarán, quizás hasta la saciedad. Ya no se molestan en añadir una introducción. Desarrollo desde el minuto uno. Acción tras acción, perdiendo matices de los personajes. Ya sabes quién es cada uno, y no hace falta que demuestren nada más allá de un buen estado físico. Y aun así, estoy casi segura que también veré la quinta parte. Porque me encanta Johnny Depp, incluso en castellano. Y me encanta Jack Sparrow (aunque ya nunca sorprenda), y las sensaciones que me produjo la primera película, sin duda la mejor de la saga, nunca más replicadas. No puedo decir lo mismo de Penélope Cruz. Normalmente, como en este caso, sólo me transmite hastío hasta la muerte. Ninguna emoción. Pase lo que pase, me aburre. Dos excepciones: “Volver” y “Vicky Cristina Barcelona”. Del resto de las películas donde sale, la recortaría sin ningún tipo de remordimiento. Es una chica que si te fijas, se ve a través de su piel la orchata circulando. Como la de la mayoría de “exportadas” a Hollywood, que necesitarían un chute urgente de sal. Sólo aptas para hipertensos.
¿Recomen dar esta pelicula? No necesariamente. Sé por qué la veo yo, pero a estas alturas, no pasa de un buen entretenimiento para un viaje en autocar.

Y sí, en castellano. La idea era verla en VOS en Bcn, pero no me he visto capaz de cuadrar horarios ni economía. No me suponía tampoco demasiado problema. Sigo a Johnny Depp desde “Pesadilla en Elm Street”, y no me resulta extraño escucharle con otra voz. Y en ella me rechina cualquier sonido, aunque en este caso es bastante espeluznante y no te acostumbras en las dos horas que dura la película.
Un real handicap de los cines en versión doblada (nunca me lo he encontrado en un cine de VOS, salvo quizás, los domingos por la tarde): día del espectador; familias con niños, y abuelos que son peor educados que los chavales, y que no entienden que si quieren comentar la película, tienen que verla en su sofá. Tener que cambiar de asiento con la película ya empezada es algo que me molesta. Y más si el motivo es no girarme y decir cuatro verdades a los viejos, por no ser acusada de mal educada y faltona. Y salir con la rabia de ser consciente que además parecen tener buena salud, así que ni un “pa cuatro días que les quedan” me puede consolar.