jueves, 29 de marzo de 2012

Carta a la Mayoría Absoluta

A vosotros, queridos votantes. A los que no dudasteis en moveros un día del sofá para ir a apoyar al sr. Rajoy. ¿De qué os quejáis ahora? ¿Estáis realmente sorprendidos? Personalmente, no creo que haya hecho por el momento nada que no se pudiera esperar.

Esta huelga de hoy me suena a la queja en un restaurante: “Oiga, yo he pedido langosta, y me han puesto una gamba”. ¿La diferencia? Vuestra gamba llevaba meses, años, expuesta en una pecera. Se veía claramente que por muy bien que se la alimentara, no iría a más. Y aún así la elegisteis.

Por eso, porque estamos en un país democrático, que hizo uso del poder del voto para elegir al sr. Rajoy, yo hoy le apoyo a él. Porque respeto la democracia y vuestra elección. Le elegisteis, aquí lo tenéis. Podéis salir a la calle para protestar (protestar porque actúe como se espera del PP, claro). Como se pidió no a la guerra. Como la huelga general del 2010. Como las manifestaciones de 11-M. Como todas las manifestaciones en España. Como una pérdida de tiempo. Pero no olvidéis que está dónde está porque vosotros lo pedisteis.

Vivo en país de gente que se queja de una reforma laboral, cuando lleva años aceptando sueldos de 800€ por hacer el trabajo de tres empleados. Que se marque un salario mínimo, y un fácil despido, no quiere decir que las empresas no puedan ofrecer más. Pero no tienen la necesidad, mientras haya gente que acepte sus condiciones basura. Se os olvida que existe la posibilidad de decir que no. Si lo hacemos diez, pasamos hambre. Si lo hubiéramos hecho todos, no estaríamos donde estamos.
Vivo en un país con gente que ha pagado 60 millones por pisos en las afueras. Que tienen un coche por cada miembro de la familia. Siempre los primeros en nuevas tecnologías. Y que ahora llora por no poder pagar una hipoteca. Mejor haber valorado anteriormente si era un precio razonable, y si el futuro estaba tan asegurado como para saber que se podría afrontar un gasto brutal durante 30 o 40 años.
Vivo en un país dónde la gente ha querido más, a cualquier precio. Trabajar para poder consumir aunque sea explotados. Tener un piso para sentirse propietarios al precio que sea, aunque este precio triplique el valor real del inmueble.
Vivo en un país dónde la gente vota a un partido, y luego se queja cuando éste es consecuente a la línea que hace años que sigue.

Hoy hay huelga general. Y porque esta mayoría absoluta no está de acuerdo con lo que han elegido, mi abu no ha podido ir a una revisión en el Valle Hebrón. Todos nos habíamos organizado para ir hoy, pero por los problemas obvios, le han cambiado la visita a mañana. Mala suerte, tendrá que ir sola. Lamentablemente, creo que ésta y otras molestias a la población serán el único resultado de esta huelga (Ojalá esté equivocada). A no ser que ya haya algo pactado de antemano que descubriremos la semana que viene. Quizás mañana. No en vano el sr. Rajoy se la esperaba desde antes de anunciar la reforma. Le hace quedar muy bien delante de Alemania. ¡Mira qué cómo nos ahoga y qué enfadados nos tiene! Good man. Hoy será un día dónde las pocas facilidades/servicios que nos quedan, serán anulados. La vida se para, y mañana será otro día.

Salid, protestad. Yo no iré. Si fuera una queja contra una dictadura, no lo dudaría. Pero yo asumo vuestra elección. Yo la respeto. Es una elección democrática. El pueblo habló. Y acataré las decisiones del sr. Rajoy, que con el poder que le habéis dado, está en su derecho de hacer lo que le dé la gana.

Salid. Protestad. Ojalá sirva para algo. Sobretodo por esa gente que no los votó y hoy estarán allí al pie del cañón. Pero los que os quejáis de vuestra gamba, tenéis cuatro años para planear qué menú queréis la próxima vez. Los que aceptáis trabajos basura, los que trabajáis por tres y cobráis por uno, los que tenéis pisos que costaron el triple de lo que valían. Vosotros tenéis la culpa de cómo va España. Somos un país que tenemos exactamente lo que nos merecemos. Ni más ni menos.



"A veces haces cosas que tienes que hacer, tomas decisiones y vives con ellas." (Adam)

miércoles, 28 de marzo de 2012

Res no tornarà a ser com abans

Dramaturgia y Dirección: Carol López

Reparto:
Dolo Beltrán
Andrés Herrera
Olalla Moreno
Andrew Tarbet

"Mi mente tiene un objetivo, sólo me interesa eso: el amor y la falta de amor." (John Cassavetes)

Una cama, un sofá, una mesa y una bañera nos sirven para hablar de una vida que podría ser la nuestra pero que no es la nuestra. Cuatro actores que parten de ellos mismos pero que no son ellos mismos, para encarnar a cuatro personajes con problemas que resuelven con otros problemas.
Un falso documental sobre dos parejas que se muestran tal y como son, con sus deseos y sus contradicciones.
Un hilo argumental para hablar de todo y de nada: de lo que queremos que pase y no pasa, de lo que no deseamos y llega, de los secretos que guardamos, del miedo de crecer y también, porque no, de alguna traición. (Carol López)

Tras casi un año sin ir al teatro, por temas económicos más que evidentes, en febrero retomé la costumbre. Goyo Gimenez, Pel davant i pel darrera (por tercera vez), Los Miserables... Y hoy, “Res no tornarà a ser com abans”.

Poco a poco con el cine me he ido soltando, y ya escribo mis pinitos (aunque nada que ver con las narraciones de tiempos atrás, cuando no tenía un saco de arena en vez de cerebro). Pero con el teatro no me acabo de animar. Es esta la obra que ha hecho que me entren ganas de escribir. Y ni siquiera exactamente sobre la obra en sí.

El teatro siempre ha sido mi arte preferido. Una admiración visceral hacia aquellas personas que se plantan delante de un montón de desconocidos, se ponen el traje de alguien diferente, y exponen las más hondas emociones ante todos. Emociones. Esto es lo que me dificulta escribir. Tras un año 2010 en que no hablaba de otra cosa, emociones por aquí, emociones por allí, y no era capaz de añadir un poquito de racionalidad a mi vida, llegó un 2011 en el que fui cerrando el grifo. Mi estómago se asentó, y la sangre volvió al cerebro. Pero se pasó, y al final toda se concentró en el órgano de pensar, pasando el corazón a ser una simple máquina de bombeo. Y ahora, ante esos artistas, esos actores, esas historias llenas de emociones, no puedo evitar sentirme rara. Hay un eco en mí de lo que sentía antes delante de un escenario. Un recuerdo lejano. Pero lejana me sitúo yo ante la obra. Mi cabeza va y viene. Mi corazón se asoma. Aunque puedo agradecer que siempre, todavía, me sacan una sonrisa cada vez que puedo ir.

He ido a ver esta obra por impulso. Y ha sido buena mi actual memoria de pez, para hacerme la velada realmente especial. Recordaba poco los motivos que me impulsaron a querer ir: un cartel colgado por los alrededores de mi trabajo. Algo de los actores que me llamó la atención. Una temática fácil, que buscara emociones conocidas, no demasiado dramáticas ni dolorosas. Que luchara contra mi eco. Pero no sabía mucho más. Y simplemente, porque lo había olvidado. Un impulso. Una oferta. 3 días antes de que acabe.

Entro en el Villarroel, y me embargan las dos primeras emociones: sorpresa y nostalgia. Sorpresa, la misma que siempre que entro, y me hace pensar “Qué pequeño! Lo recordaba más grande” Y es que grande se vuelve siempre que inician sus historias. Nostalgia, por el asiento vacío a mi lado. Perder a mi compañero de teatro después de tantos años. Sentirlo lejos. Sentirme apartada. Un vacío que está lleno de su recuerdo. El mismo vacío que ha dejado en mi vida. Pero ese es otro tema...

Siguen las sorpresas: Olalla Moreno. La echaba de menos. Dolo Beltrán (Pastora, con guitarra incluida), mostrándome una buena interpretación, y a la vez, yo me empapo de su presencia. Andrés Herrera y Andrew Tarbet... Me han hablado de ellos. Pero casi cinco años lejos de tv3 tiene sus pequeñas consecuencias culturales.

Y hasta aquí puedo escribir. Ya entraríamos a hablar de la historia. De la interpretación. Del montaje. De... Cosas de las que ya no recuerdo cómo se hablaba.
Puedo decir que la obra parece corta, pero suficiente para lo que quiere contar. Más, habría sido rellenar. Puedo decir que me he divertido. E incluso sorprendido con los giros, totalmente previsibles, pero que me han pillado yendo y viniendo, por lo que era una víctima fácil. Pero sobretodo, puedo decir que algo sí me he emocionado. Y que espero poder ir a muchas más obras, a buscar ese rincón en mi estómago que centrifugaba cada vez que un actor o una actriz salía a saludar.

martes, 27 de marzo de 2012

Shame

Director: Steve McQueen
Guión: Steve McQueen, Abi Morgan
Música: Harry Escott
Reparto: Michael Fassbender, Carey Mulligan, James Badge Dale, Nicole Beharie, Jake Richard Siciliano, Hannah Ware, Alex Manette, Chris Miskiewicz, Jay Ferraro, Anna Rose Hopkins, Eric Miller


Sinopsis: "Brandon es un treintañero neoyorquino con serios problemas para controlar y disfrutar de su vida sexual. Se pasa el día viendo páginas pornográficas y manteniendo contactos con solteras de Manhattan."



Película que durante 99 minutos parece que va a ir a peor, a mostrar lo más sucio, lo más angustiante. Pero no. Te lleva a ese punto de tensión de “Ahora sí” pero no se atreve a cruzar el límite. No sé si por el riesgo de acabar siendo clasificada X o por una extraña moral que no pega con la idea del proyecto. O al menos, con la idea que tenía yo. Parece un cuento con moraleja. Etiqueta de perversiones actitudes comunes (supongo que más de las que al director le gustaría) en esta sociedad. Una sociedad donde el consumismo, el dinero y el “usar y tirar” mandan en casi todos los ámbitos. Y el sexo es uno de ellos, sin necesidad de tachar esta conducta como trastorno.

Pero vale la pena verla, aunque sea por la interpretación de Michael Fassbender y Carey Mulligan. A él no lo veía desde desde su joven “Magneto”. Un cambio de registro tan brutal, que tuve que tirar de wikipedia para ponerle filmografía a una cara que me sonaba. Un personaje angustiado, al que sus puntos más oscuros le han llevado a buscar la soledad absoluta. Y es que es mejor estar solo por decisión, a que vengan otros a hacerte sentir así. Ella, aunque hace tiempo que trabaja, totalmente desconocida para mí, encontrada no hace mucho en “Drive”, dónde me rendí ante ella. Una de las miradas más expresivas que he visto en años. Papeles de pocas palabras. Ella habla con los ojos, no hace falta más.

La invención de Hugo

Director: Martin Scorsese
Guión: John Logan (Libro: Brian Selznick)
Música: Howard Shore
Fotografía: Robert Richardson
Reparto: Asa Butterfield, Chloe Moretz, Ben Kingsley, Sacha Baron Cohen, Jude Law, Emily Mortimer, Michael Stuhlbarg, Ray Winstone, Christopher Lee, Richard Griffiths, Helen McCrory, Frances de la Tour

Sinopsis: "París, años 30. Hugo es un niño huérfano que vive escondido en una estación y se ocupa de arreglar relojes. Se verá envuelto en una misteriosa aventura cuando intente reparar un robot estropeado. Un día conoce a una chica que tiene la llave que podría resolver el misterio del robot."




El nombre de Scorsese a todos nos inspira algo. El terror del cabo del miedo. Los límites desaparecidos de la edad de la inocencia. El cara a cara con la locura de Shutter Island. Y podría seguir nombrando películas durante un buen rato. Películas que para bien o para mal, no pueden dejarnos indiferentes.

El otro día decía que no entendía el concepto “película perfecta”. Esta me lo ha parecido. Entrañable. Tierna, pero alejada de las ñoñerías. Te encoge el estómago y te tensa los músculos, para luego dejarte relajar, a un ritmo lento, soltando el aire, despacito. Y unas historias secundarias que te hacen sonreir, sin perder el hilo de la principal ni necesitar profundizar más en ellas. Visualmente es preciosa: la estación, las calles de París, los ojos de los protagonistas, las miradas. Movida por las críticas, la vi en 3D. Soy contraria a este sistema, que siempre me ha parecido un timo, una excusa para trabajar menos el guión y engañar al espectador con trucos de pretidigitación.Y evidentemente, recaudar más. Y no diré como en estas que es fundamental, imprescindible, pero Scorsese no ha descuidado la historia, y es algo que se agradece. Sí es verdad que no me molestó en exceso como en anteriores ocasiones. Un juego de ruedas y tuercas entre las que pasear acompañando al protagonista, que posiblemente, también se aprecié en dos dimensiones, pero que no hará que te arrepientas de haber pagado por las tres.Eso sí, sacrificando nuevamente la VOS por la doblada. No sé cómo se combinan subtitulos y 3D en la pantalla, y no arriesgué. Viendo el trailer, me arrepiento un poco. Todas las historias cambian si les cambias la voz.

“Los finales felices sólo existen en el cine”

domingo, 18 de marzo de 2012

Entierros

Cuando llega el fin de una larga enfermedad, ese fin anunciado, no puedes más que respirar. Una persona mayor. Muy cercana. Muy enferma. Por fin libre del dolor que le ha atenazado los últimos meses. Por fin con su dignidad recuperada. Ya no necesita que le limpien, que lo muevan, que... Y sí, sabes que a partir de ahora, vendrán otro tipo de días malos para su viuda. Los días de echar de menos. De recordar los años, una vida, viviendo juntos, compartiendo. El silencio de la casa. Un único plato sobre la mesa. Hasta que, poco a poco, sin dejar de recordar, ese silencio sea lo habitual, y ya no duela, ya no grite tan alto.

Pero durante el día de hoy, no he podido dejar de sorprenderme por el ritual del entierro. Nunca los entendí demasiado, pero creía que con los años les encontraría sentido. Pero no.

Velatorio: en el peor momento, cuando más duele, recibir a decenas de personas que te abrazan, haya confianza o no. Pasar el día sentado en una silla, siendo amable con todo el mundo, cuando posiblemente, después de una batalla hospitalaria, o un choque brutal, sólo te apetezca estar en la cama. Viendo a tu ser querido expuesto en una vitrina. Apartar tus recuerdos para quedarte con ese trozo de carne expuesto. Porque él ya no está allí. ¿Por eso esa necesidad de pensar “parece dormido”? Mirarlo compulsivamente. Sabiendo que es la última vez que lo ves. Obligándote a permanecer en pie.

Misa: un señor que no conocemos nos recuerda la maravillosa persona que se ha ido. Que no la volveremos a ver. Que empieza una vida sin él. Lo venden de despedida. Parece una porra personal del cura a ver a cuántas personas es capaz de hacer llorar, de sentirse miserables, de anticipar otras futuras pérdidas y angustiarse con la idea. Como si si no se hablara así del muerto, implicara que nadie lo quería, que cual peces en el mar no seremos capaz de recordarle por nuestra cuenta. Y por si queda alguien entero, que no le dé credibilidad al fatalismo del cura, violín y piano lloran un Ave María, invitándote a llorar con ellos. Porque no es natural la muerte. No somos animales comunes. Por eso tenemos otros sitios donde ir cuando acaba, más allá de la tripa de los gusanos. Pero es triste ir uno a uno, y tener que seguir en este sitio de paso sin ese ser querido, que nos espera sentado en una nube, pasando la eternidad mirando al infinito.

Oratorio: esta parte ha sido nueva para mí. Sólo los más cercanos, en el crematorio, cinco minutos antes de dejar a las llamas hacer su trabajo. Caja cerrada. Un círculo a su alrededor. No os cortéis, podéis poner una flor encima de la caja. Podéis decirle adiós. Algún valiente, besa la madera. Y yo sentada observo, con un nudo en la garganta. Esa necesidad de mirar una caja. De anticipar lo que espera. De recrearse en ello. De ser esa la despedida.

En mi día: haced una barbacoa (sí, lo sé, todas las convenciones sociales las arreglo con barbacoas). Poquitos. Muy poquitos. Sabréis cuales, como lo supistéis cuando cumplí treinta años. Sacad mis fotos. Las más vergonzosas. Las más divertidas. Hablad de mí con alegría. De lo cabezona que fui. De cómo me divertí. De la mala leche. De las risas y las borracheras. De las veces que me llevastéis a casa. O las que os llevé yo. De esa obra de teatro. Ese cine. Esas chuches en un banco. De lo que os haga sonreir en ese momento. Y al mismo tiempo, queramos o no, llorar. Porque la vida es así. Porque duele, pero no hay que olvidar que antes de llegar allí, hubieron momentos para recordar. Y sobretodo: no beséis mi caja. No seré yo. Será madera. Madera nueva, que nunca tuvo nada que ver conmigo. Y si lo hacéis, os estaré mirando (que sí, que somos bichos especiales y podemos hacer estas cosas), y pensando: “que cosas más raras en esta cultura. No entiendo que eso te consuele. No prefieres salir a la calle y recordar aquel día que...”

“Parlem de tu, però no pas amb pena.
Senzillament, parlem de tu, de com
ens vas deixar, del sofriment lentíssim
que va anar malfonent-te, de les teves
coses parlem, i també dels teus gustos,
del que estimaves i el que no estimaves,
del que feies i deies i senties;
de tu parlem, però no pas amb pena.

I a poc a poc esdevindràs tan nostre
que no caldrà ni que parlem de tu
per recordar-te; a poc a poc seràs
un gest, un mot, un gust, una mirada
que flueix sense dir-lo ni pensar-lo.”

(Miquel Martí i Pol)

domingo, 11 de marzo de 2012

Visiones

" Es tan plástica, tan hueca de sentimientos y de raciocinio, que al hacerlo todo tan mal, Mota Man está rompiendo con suma facilidad los lazos de codependencia que lo tenían preso de esa relación ilusoria, irreal, destructiva y absorbente. "

Meterte en la cama después de descubrir que alguien cree que este párrafo habla de ti. Saber que alguien puede verte así. No saber cómo no ser así a partir de ese momento.

jueves, 8 de marzo de 2012

Los descendientes

Director: Alexander Payne
Guión:Alexander Payne, Nat Faxon, Jim Rash (Novela: Kaui Hart Hemmings)
Fotografía: Phedon Papamichael
Reparto: George Clooney, Shailene Woodley, Amara Miller, Nick Krause, Patricia Hastie, Matthew Lillard, Judy Greer, Beau Bridges, Robert Forster, Barbara L. Southern, Mary Birdsong, Rob Huebel, Michael Ontkean, Troy Manandicm, Scott Morgan, Milt Kogan

Sinopsis: "Matt King, casado y padre de dos niñas, se ve obligado a replantearse la vida cuando su mujer sufre un terrible accidente que la deja en coma. Intenta torpemente recomponer la relación con sus problemáticas hijas -la precoz Scottie, de 10 años y la rebelde Alexandra, de 17 - al tiempo que se enfrenta a la difícil decisión de vender las propiedades de la familia. Herederos de la realeza hawaiana y de los misioneros, los King poseen en Hawai tierras vírgenes de un valor incalculable."



Siempre me ha gustado mucho el cine. Durante años intenté ir como mínimo una vez a la semana. La tv y el videoclub hacían el resto.
Llevo un par de años desconectada de los Oscar. Y este año, me he dado cuenta que he desconectado de los Oscar, pero también de todas las demás películas. Tras la gala de los Goya, no entendí el triunfo de “No habrá paz para los malvados”, cuando considero que es una de las cosas más aburridas que he visto en los últimos tiempos. Pero no pude protestar ni argumentar, al ser la única de las nominadas que había visto. Y con los Oscar me ha pasado más o menos lo mismo. Había visto 3 de las nominadas en las diferentes categorías. Dos de las que optaban a mejor película, y una nominada a mejor animación. En mi caso, algo increíble.

Así que hoy he optado por cambiar mi plan de sofá y peli, clásico de los lunes, y me he bajado al cine. He cometido dos grandes errores. Uno inevitable: Versión Doblada. Este factor ya es un handicap que no me deja introducirme 100% en la trama. La mente me viaja a pensamientos del estilo “vaya voz, no me la creo” o “es que la actuación no pega con el tono”. Pero es lo que hay. Vivo en un pueblo, y llegan películas subtituladas una vez cada tres meses, si hay suerte. Pero viajar a Bcn es un coste de tiempo y dinero que no siempre me sale a cuenta. El segundo error, ir el día del espectador. Por ahorrarme un euro, he tenido más compañía de la necesaria, la mayoría jubilados con ganas de comentar la trama. Y he de reconocer que he compartido sala con peor público, pero aún así, me ha costado centrarme.

Por último, iba influida (o más bien muerta de curiosidad) por los críticos. Muchos la han calificado de “perfecta”. Y yo sólo me podía preguntar en qué consiste la perfección en el cine. No tengo ni idea. No creo que sea esto. Toca temas sensibles, como la enfermedad de una madre, problemas de pareja, relaciones padre-hijas... Y me ha dejado totalmente fría. Momentos en teoría tristes, me han hecho pensar que algo fallaba si no me emocionaban. También es posible que no fuera mi película. O mi día. Porque no la considero mala ni aburrida. Aunque cuando en más de un momento la he visto candidata a verla en Antena3 una tarde, quizás sí me estoy posicionando, más de lo que quiero reconocer. Tiene un buen ritmo. Alterna estados de ánimo y no te deja acomodarte en ninguno. Quizás, soluciona demasiado fácilmente algún problema. Demasiados frentes abiertos, por lo que no dedica tiempo suficiente a situaciones con mucha más miga de la que se ve.Y el título destaca un tema que siempre sale de refilón, nuevamente de manera poco emocional. Hablan de la mejor interpretación de Clooney, y a mí no me ha llegado, aunque como comentaba, el hecho de que esté doblado lo dificulta. Pero me marcó mucho más su personaje en “Up in the air”. El vestuario y la ambientación en Hawai también me han rechinado. Pero todo ello va ligado a ese título.
Lo mejor: la última escena. No se me ocurre un mejor final. Edulcorado, fácil, pero tierno.
Una película para pasar la tarde. Pero que si os pasa como a mí, al día siguiente no os retumbará en la cabeza.

“Tú y la inteligencia sois conceptos incompatibles. No te ofendas”

sábado, 3 de marzo de 2012

Dirección: Ignacio Ferreras
Guión: Ángel de la Cruz, Paco Roca, Ignacio Ferreras, Rosanna Cecchini (Cómic: Paco Roca)
Música: Nani García

Sinopsis: "Emilio y Miguel, dos ancianos recluidos en un geriátrico se hacen amigos. Emilio, que padece un principio de Alzheimer, cuenta inmediatamente con la ayuda de Miguel y otros compañeros que tratarán de evitar que vaya a parar a la planta de los desahuciados. Su disparatado plan tiñe de humor y ternura el tedioso día a día de la residencia, pues para ellos acaba de empezar una nueva vida."



Una serie de ancianos enfrentándose con humor, ironía, y a veces un punto de crueldad, a una vejez que no siempre es amable con nosotros. Una dedicatoria que nos recuerda que los años pasan para todos. Un tema duro, pero tratado sin pizca de melodrama. Simplemente se habla de algo existente, y cómo enfrentarse a los problemas que surgen en el día a día, y los cambios vitales que se pueden sufrir en diferentes etapas. Un poco banalizado el tema de los familiares. Ante el dilema y los remordimientos de muchas familias por la necesidad de buscar un lugar donde sus padres estén bien cuidados, en un mundo donde ya es difícil cuidar a los propios hijos, en el que pasamos más tiempo en el trabajo que en nuestra casa, en que sólo vemos a nuestras familias unos minutos al día, y necesitamos que esos minutos sean de calidad, aquí se habla como si los ancianos fueran una molestia a la hora de ir al teatro o salir con los amigos.

Evidentemente, la buena o mala visión que uno tenga de las residencias es algo cultural. Y en esta cultura incluiremos también las creencias familiares. De mis cuatro abuelos, sólo uno pasó por una enfermedad degenerativa. Se tardó muchos años en decidir acudir a una residencia. El resultado de esos años fue dos hermanas que nunca más volvieron a dirigirse la palabra, y una crisis matrimonial importante. Yo miraba asombrada, e intentaba entender qué pasaba desde el punto de vista de una niña. Desde entonces, evito las residencias, y no me entusiasma la relación con los ancianos. Y con esto no quiero decir que no sea consciente de la riqueza histórica y emocional que ellos nos aportan. Simplemente no puedo. Siempre les he dicho a mis padres que los adoro, pero que no permitiré que su presencia haga flaquear la unión de mi propia familia. Y no quiero que en un futuro, mi presencia sea una carga (quizás el primer error de interpretación occidental es que vivimos esta situación como una carga) para nadie. Ni defiendo ni critico. Creo que es una de los temas más delicados con los que nos podemos encontrar actualmente. Y por esto mismo, me ha encantado una película donde se obvia el drama y se presenta una mirada hacia adelante, con risas, esfuerzos, y un enfrentamiento a los últimos días con la mayor dignidad posible. Porque la dignidad está dentro de cada uno, va con su historia, con los años vividos, y va mucho más allá de la capacidad de conseguir mantener la sopa dentro de la boca.

Música (y otra serie de alteradores del ánimo)

Trabajar 10 horas. Una cena rápida y a la sala. Música en directo. Se me eriza la piel. De pronto soy consciente que hacía un año que no iba a un concierto. La sangre parece recorrer más rápido mis venas. Y salen ellos. Y lo bordan. Primero me encantan, pero el estómago se queja. Algo no va bien. Todo va demasiado bien. Esa alegría es ficticia. Llega acompañada de recuerdos. Y se convierte en una añoranza salvaje. En pensar que ellos al día siguiente cogerán el coche camino de Madrid, hasta vuestro lado, y yo, de nuevo, me quedaré aquí sintiéndome olvidada e implantada en un sitio que no es el mío. Y me vuelvo a sentir lejos de casa.

El primer impulso es correr a esconderme. Salir de ahí. Dejar de torturarme. Pero cambio la huída por cerveza. Mucha. Demasiada. Y de nuevo pierdo el norte. No puedo dejar de beber. Intento tapar los huecos con espuma y alcohol. Pierdo la capacidad de autorregularme. Y acordándome de casa me activo. Me río, hablo con cualquiera, me muevo sola, a mis anchas. Lo he echado de menos. Pero por otro lado me olvido de la persona con la que he ido. No me preocupo de cómo se lo pasa, de si también está socializando, o si simplemente espera a que yo frene. Pero yo estoy muy ocupada intentando olvidar y recordar a la vez. Y el líquido se concentra en mí y se convierte en llanto. Llanto guardado. Llanto acumulado. Llanto escondido. Y el domingo, llanto descontrolado. Y, de manera injusta para los demás, sólo existo yo.

Y al día siguiente las consecuencias. Recriminaciones. Defensas. Ataques. Veneno. Remordimientos. Tristeza. Y claro, resaca. Perder un día en la cama, revolcándome en mi pena, en el amargor que deja una discusión. En el miedo de la cuenta atrás. En no soportar el hacer pasarlo mal a alguien que me importa tanto. En lo absurdo de pensar en lo que tenía y no disfrutar lo que tengo ni cuidarlo lo suficiente. En definitiva, revolcándome en lo que soy. Yo.

“Si te centras en lo que dejas atrás, no podrás ver lo que tienes delante” (Ratatouille)