jueves, 21 de julio de 2011

NO TIENE PRECIO

Un profe de Vilafranca que use los términos “pilila” y “tita”.

Un compañero de clase que no sólo reniegue de la ducha, si no que se siente delante del aire, para poder extender bien el olor, y en menos de diez minutos todos con la sensación de estar en un gimnasio.

Una compañera que no sepa disimular la idiotez cuatro horas seguidas. Que escriba “Pedogogía” y “WallDisnei”. Que crea que los Ulelés existen. Que no entienda frases de más de tres palabras (siempre que no incluyan un concepto abstracto). En ningún idioma. Que cuando haces la repartición del trabajo grupal, listo para pasar a ordenador, pregunte “exactamente de qué va?” Y sobretodo, prueba irrefutable de su estupidez: pretenda que yo le siga una conversación.

Unos trenes que no funcionan desde primera hora de la mañana. Avería de más de 3 horas. Bueno, esto sí tiene precio: me he gastado 93€ en un abono de transporte, para quedarme en casa escribiendo. Esto antes lo hacía gratis...

“No tenéis ninguna posibilidad pero... contáis con mi simpatía.” (Alien. El octavo pasajero)

SEBASTIÁN II

“Yo vivía en un huevo. Un día noté que el mundo daba vueltas, y sentí un golpe. Algo se rompió y empezó a entrar agua. Mi mami acabó de romper la cáscara, que estaba en el fondo del lago, y me sacó a la superficie. Siempre me dice que debería haber estado un tiempo más dentro del huevo. Tengo 12 años, y tengo un hermano de 45. Le gusta mucho el fútbol, pero dejó de jugar porque se le rompió la pelota. Mi madre no nos deja movernos demasiado. Dice que nos pueden ver. No tengo muy claro quién. Y ahora estoy sólo en medio del lago, y creo que me va a reñir. Hemos salido a pescar, y de pronto, mi madre ha gritado la señal de alarma: “Ellos!!!” La huida está super ensayada, pero yo nunca me acabo de acordar. ¿Era a la derecha o a la izquierda? Total, mi madre no está. Y “Ellos” me pueden ver si me muevo demasiado. Menuda bronca me espera.”

Sebastián II moría decapitado por un submarino a las pocas horas. Sebastián I murió absorbido por el aspirador. He de cambiar de nombre a mis mascotas no-gato.

viernes, 15 de julio de 2011

¿Por qué lo llaman amistad...?

..Cuando quieren decir... Quieren decir... ¿Qué quieren decir? ¿Dependencia? ¿Esclavitud? ¿Compañía? Sí, y quizás, a veces, amistad. No creo que nunca desinteresada. A todos nos aporta algo. ¿Por qué, si no, íbamos a tenerla en nuestra vida?

Al contrario de lo que muchos piensan, no puedo presumir de entender a la gente. Al contrario. Nunca deja de sorprenderme. De lo que sí puedo presumir, es de que estas sorpresas no me afecten, ni para bien ni para mal. El truco para no ondear entre los estados de ánimo de los demás, sus manías, y otros misteriosos factores que les llevan a actuar como actúan, es no esperar nada de nadie. No puedes sentirte decepcionado con alguien si en el fondo, no esperas nada de esa persona.

Parece que amistad es entender que las personas no tienen obligaciones contigo. Que cada uno tiene derecho a hacer lo que en su momento vital le parezca lo mejor, te incluya a ti o no. Siempre he estado de acuerdo con eso. Pero ¿qué pasa cuándo al ser tú la que haces lo que más te conviene, recibes una lista de reclamaciones, o peor, te exigen explicaciones? Curiosa amistad.

Algunos pueden insistir durante semanas en un traslado que te acerque, para luego ignorar tu existencia el mismo número de días que dedicó a convencerte. En cambio, quien sólo fue un encuentro fugaz hace años, puede pasar a ser un gran apoyo. Y aunque las dos actitudes sorprenden, ninguna afecta.

A veces hay cosas que duelen, como el que “tiran más dos tetas” anule el haberse criado juntos. Pero ya se sabe, lo que no mata...

Por ahora, mientras me sitúo en una (casi) nueva vida, veo una serie de gestos que me sorprenden, para bien y para mal, y aumentan mis ganas de una soledad buscada: peli, libro y sofá. Otros, los de siempre, están ahí, porque hace años que aprendimos a respetarnos. Y los nuevos... A verlas venir. Aunque ahora no me apetece demasiado conocer gente. Se mezcla el cansancio, con la añoranza, y predisposición contra la manera de ser catalana, que hace difícil un acercamiento.

Hoy sólo hablo de una serie de pensamientos, mezclados, como se pasean a veces por mi cabeza, en los tiempos muertos en el tren. Quizás un día esto lo concrete en una lista de “Las principales características de un gran amigo en la sociedad actual”. A ver qué sale. Quizás consiga entender algo.

La confianza es algo muy frágil, una vez ganada nos aporta una gran libertad. Pero cuando la confianza se pierde es casi imposible recuperarla, aunque la verdad es que nunca se sabe en quién podemos confiar. Nuestros seres más queridos pueden traicionarnos y unos desconocidos pueden acudir en nuestro rescate. Al final la mayoría de la gente decide confiar sólo en si misma. Sin duda, es la forma más sencilla de no quemarse jamás.” (Mujeres desesperadas)

viernes, 8 de julio de 2011

Si yo pudiera elegir...

Hace poco acabé un libro de Chuck Palahniuk. Cançó de Bressol. La temática gira en torno a la posibilidad de matar a quien creas conveniente, sin ser nunca descubierto, y si es posible tener este poder sin corromperse. Argumento parecido al de la seria manga “Death Note”, que ya me planteó el debate interno en su momento.

El tema del poder no es algo que nunca me haya interesado demasiado. Pero sí la duda de ¿quién merece morir? Duda sobre la que tengo mis propias respuestas, nunca dichas en público, por corrección política. Pero, ¿quién no ha deseado nunca al estar a punto de ser atropellado en un semáforo verde “ojalá te estampes”? ¿Y hacer que algún que otro choni se trague el móvil en el metro? En mi caso fue no hace demasiado, un par de semanas. Estaba a punto de subir a un tren que llevaba más de cinco minutos parado, cuando fui arrollada por cuatro personas de mediana edad, tirando ya a la siguiente fase, que decidieron que no querían seguir en ese tren. Las puertas se cerraron, y se fue sin mí. Mi primer pensamiento fue “Ojalá os caigáis a la vía”. Cuando me fui a dormir esa noche, todavía les deseaba un infarto.
Y aquí, Palahniuk nos plantea: ¿Merece ese padre de familia, que hace voluntariado y trabaja en la Cruz Roja, la muerte? ¿Y si te empuja por la calle sin disculparse? ¿Y si pone la tv demasiado alta y no te deja concentrarte? ¿Y si sus hijos no están bien educados y los odias como vecinos?

Y veo cada vez más claro, que es un poder que ninguna persona debería tener. Porque ya sin él, raro es el día que no tenga que coger aire, y contar 1, contar 2, contar 3...

Asociacionismo (I)

Hace años que me planteo sacarme el título de monitora. Siempre me han echado para atrás dos cosas: que lo dan asociaciones de esplais o similar, y la dinámica totalmente vivencial con la que se imparte. Éste año he decidido no ponerme más excusas, y ya he superado más de una semana de clases.

La sorpresa agradable es que la media de edad supera los 18 y se sitúa en los 25. La desagradable es una introducción de dos horas en las que nos hablan de la importancia del grupo como herramienta, y de la finalidad de formar nosotros mismos un grupo compacto, hasta el punto, que el trabajo final sólo tiene dos opciones de entrega: individual, o grupal de toda la clase (21 personas).

Empiezan los juegos y la participación. Pienso que sólo he de aguantar un mes, y que total, esa gente (que en breve parece ser que será mi super grupo) no me conoce de nada y pocas posibilidades tienen de verme el pelo. Por primera vez en un mes la playa me parece la mejor opción para pasar mis mañanas.

Al poco de iniciada la primera clase, ya nos hablan de la asociación, de la necesidad de voluntarios para prensa, investigación, etc. Y la gente en paro. No me queda claro si a parte de los responsables, alguien más está en nómina.

Desde mi individualismo, me posiciono en una zona de escepticismo, a verlas venir, mientras pienso dónde y cuándo haré las prácticas. Mantengo mi actitud (esta vez interior, enmascarada tras una amplia sonrisa y afabilidad) de no querer conocer gente. En el fondo creo que como terapia de choque, no me viene mal del todo.

A los pocos días, habituada ya a la gente y el funcionamiento, me cuesta menos salir de casa. Pienso en mis tiempos en l'escola bressol, lo que me costó funcionar con un equipo, y cómo lo disfruté finalmente. Reconozco limitaciones autoimpuestas, y creo que me irá bien esforzarme para no acabar amargada. Sin perder esa distancia invisible que a veces sólo yo sé que existe. Me sorprendo la autoridad académica que mis compañeros me dan, sin tener yo ni idea de lo que se habla. E intento perderla poco a poco. Porque no es una carrera lo que me separa de esos compañeros. Somos mi predisposición y yo misma.

“—¿A donde nos llevan?
—A México.
—¿Y qué hay en México?
—Mexicanos.” (Abierto hasta el amanecer)

Vistas: “X-Man”, “Resacón 2”

Leídos: “IQ84” (Haruki Murakami); “Cançó de Bressol” (Chuck Palahniuk)

Leyendo: “Mil soles espléndidos” (Khaled Hosseini)