martes, 25 de octubre de 2011

Mientras duermes

DIRECTOR
Jaume Balagueró
GUIÓN
Alberto Marini
MÚSICA
Lucas Vidal
FOTOGRAFÍA
Pablo Rosso
REPARTO
Luis Tosar, Marta Etura, Alberto San Juan, Petra Martínez, Carlos Lasarte, Pep Tosar, Amparo Fernández, Oriol Genís, Iris Almeida

SINOPSIS
"César es el portero de un edificio de apartamentos y no cambiaría este trabajo por ningún otro, ya que le permite conocer a fondo los movimientos, los hábitos más íntimos, los puntos débiles y los secretos de todos los inquilinos."



Malrollismo en estado puro. Dolor de cabeza. La posible causa es haber estado apretando las mandíbulas. Tensión muscular. Taquicardia.

Dirigida por Jaume Balagueró, ya prometía. Nos ha hecho temblar con Darkness, Frágiles, la saga REC... Pero sobretodo es experto en ponernos de los nervios. Todo nuestro sistema se altera. Se acelera el corazón, la respiración se vuelve inconstante, se seca la boca, y nuestros músculos se preparan para huir. Convierte una tarde de cine en una experiencia adrenalítica. Encuentra los secretos más ocultos de sus personajes, aquello que no querríamos saber, y nos lo planta delante, sin darnos la opción de mantenernos en nuestra ignorancia. Y son secretos que al salir, puedes ver en todo el que te cruzas. Ir por la calle vigilando tu espalda. Convencida que nunca más te fiarás de nadie.

Protagonizada por Luis Tosar, éste completa la ecuación de manera perfecta. Un actor que transmite emociones a su gusto. Nunca ves a Luis. Ves a su personaje. Te lo crees, te absorbe, te angustia. En este caso, un portero siniestro que no es capaz de ser feliz. Ni soporta que los demás lo sean. Opuesto a ese Luis que te hace reír en películas como Inconscientes. Apartar la mirada en Te doy mis ojos. Llorar en Los lunes al Sol. No es visceral como Malamadre. Es frío, calculador, no es espontáneo, y provoca paranoia. No quieres ver lo que hace, pero te conviertes en su cómplice.

Y todo acompañado por una gran BSO. Es de esas películas que no os podéis perder.

jueves, 20 de octubre de 2011

Días de hospital

Hoy hemos sufrido la primera operación de mi padre. Ha sido raro desde el principio. La tensión es la misma, pero la cabeza se siente despistada, cuando lo suben a una camilla, se lo llevan, y mi madre se queda a mi lado. El desayuno y sus lágrimas me vaticinan tiempos duros. Hoy sólo es una rodilla. Pero eso es hoy. Respiro hondo. He vuelto para esto, y como ensayo, no está nada mal.
Llega mi tía y se aligera el ambiente. Nos dedicamos al cotilleo. Nos devuelven a mi padre y se une al akelarre.
Suena el teléfono. Un familiar ingresado en el Vall d'Hebró. Esta vez me toca ruta turística. En mi familia siempre han sabido montar fiestas. Aunque puedo decir bastante convencida que no lo había echado de menos.
Ahora, antes de cenar, y sin haber hecho nada más en todo el día, creo que me voy a dormir. Mañana debería ser más productivo. Espero. De momento, el cansancio gana.

"—¿Nervioso?.
—Sí, un poco.
—¿Es la primera vez?.
—No, ya había estado nervioso antes." (Aterriza como puedas)

miércoles, 19 de octubre de 2011

Total, un drama.

Somos una panda de quejicas. Yo la primera. Todos tenemos algo que no nos gusta. Creemos que algunas cosas podrían ir mejor. Pero ¿y qué pasa cuando pensamos que todas las cosas podrían (No. Deberían) ir mejor? Se desencadena algo como:
“Para qué me voy a levantar. No tengo nada que hacer. Lo puedo hacer mañana. Para lo que me pagan. Para lo que no me pagan. Para lo que me exigen. Para lo que no me exigen. Podría buscarme un hobby. Pero todos cuestan dinero. No puedo gastar. Eso también implica no salir, no viajar. Puedo pasear. Puedo pasear acompañad@. ¿Por quién? ¿Quién me aguantará, si no hago más que quejarme? Aunque tengo motivos. Lo raro sería que no me quejara. No me creo que ese/a esté peor que yo. Nadie está peor que yo. Pero no lo entienden. Desde fuera es muy fácil juzgar. Mejor sigo en la cama. Para qué me voy a levantar. No tengo nada que hacer. Lo puedo hacer mañana. Para lo que me pagan. Para lo que no me pagan. Para lo que me exigen. Para lo que no me exigen. ¿Contestó al mensaje? Claro que no. Porqué lo iba a contestar. No le resulto interesante. Es que no lo soy. ¿Qué voy a ofrecer? ¿Ha contestado ya? No. Mejor lo controlo cada 15 minutos. ¡Se conectó! (qué grandes las redes sociales). ¿Me ha contestado ya? No. Ahora no lo entiendo. Entonces tenía yo razón. No soy interesante. Seguro que otr@ le está aportando mucho más. Si no porqué no me iba a responder. Canso a cualquiera. A mí la primera. Pero yo antes no era así. Que conteste cuando quiera! ¿Desde cuándo es una obligación? ¿Desde cuándo me preocupa? ¿Quién soy para exigir? ¿Me ha contestado ya? No. Pues no me importa. Hasta aquí hemos llegado. Es como X. No lo quiero volver a ver. Quizás con el tiempo se calmen las cosas y no me importe tomar un café. ¿Me ha contestado ya? No. No sé cuántas veces he mirado. Yo no era así. Hasta X. Está claro, la culpa es suya. Llevo así cinco años. Me cambió. Me volvió una neurótica. Yo no era así. ¿Me ha contestado ya? Mejor sigo durmiendo. Para qué me voy a levantar. No tengo nada que hacer. Lo puedo hacer mañana. Para lo que me pagan. Para lo que no me pagan. Para lo que me exigen. Para lo que no me exigen. Tendría que moverme. Hacer algo. Algo gratis. Hablar con alguien. Ver gente. ¿Y mi gente? Si a est@s no los reconozco. Y a otr@s los echo tanto de menos... Pero no están aquí. Puedo ir a ver a mis padres. A saber qué me cuentan. Volveré a la adolescencia. A dejarme cuidar. Es a lo máximo que puedo aspirar. Una jornada de 15horas, que me dé para el cine. Si el cine deja de subir los precios. Ni al cine puedo ir. Para qué me voy a levantar. No tengo nada que hacer. Lo puedo hacer mañana. Para lo que me pagan. Para lo que no me pagan. Para lo que me exigen. Para lo que no me exigen. A ver que echan en la tele. Crisis. Como si no lo notáramos. Y esos que levantan hoy las manos, empujan con energía los votos hacia la derecha. Ellos nos salvarán la vida. Ah, no, que somos la clase baja. Se la salvarán a otros. Pero eso está bien. Para ellos. Para qué me voy a levantar.”


"Los depresivos no quieren ser felices, quieren ser infelices para confirmar su
depresión. Si son felices,no están deprimidos y tienen que salir al mundo a vivir,
lo cual puede ser deprimente." (Closer)

martes, 18 de octubre de 2011

Se busca persona feliz

Cinco días en Madrid. Nadie es feliz. Todos tiemblan. Puestos de trabajo en riesgo. Explotaciones. Terror ante las elecciones. Viendo lo que se nos viene encima, pero sin alternativas para cambiarlo. Aguantando el chaparrón. Poniendo la otra mejilla. Aceptando cualquier condición. O pasando hambre. No hay término medio. Plantearse huir de España. Ya no ofrece nada bueno. A nadie. Cuesta abajo y sin freno. No hay esperanza. El dinero no da la felicidad. Pero pagar el alquiler y comer tres veces al día, ayuda a sentirse mejor. Leer la prensa. No, ya me miento yo sola. Ver la tele. Sólo series. Sólo cine. Sorda, ciega, muda. Como todos. Conformista.

"Los hombres hablan de la guerra como si se tratase de nubarrones negros. Pero ellos son los que provocan la tormenta y luego se quedan de pie bajo la lluvia gritando - ¡¡¡Joder, está lloviendo!!!" (Cold Mountain)

miércoles, 5 de octubre de 2011

POSICIONARSE

La gente tiene necesidad de etiquetarse y posicionarse. Saber dónde está, por dónde se mueve, qué puede esperar. Yo ahora mismo no es que no tenga esa necesidad. Es que no me siento capaz de hacerlo. Blanco o negro. Felicidad o tristeza. Rico o pobre. Izquierda o derecha. Todo o nada. Y aceptando una de las posiciones, aceptas los compromisos que llevan consigo. Y deja de ser divertido, de ser amable, de hacerte sonreir, para pasar a ser una obligación. Una presa que impide que el río siga fluyendo. Convertirse en un estanque, cuando en realidad el agua debería seguir su camino. Si como dicen, la naturaleza es sabia, cada uno para dónde debe. Y eso no es una elección, es una tendencia. Siempre me ha gustado “bajar rodando” a casa. Y en la vida me gusta funcionar igual. Que las cosas sean fáciles de vivir. Que pasen porque es lo que pide cada uno de tus poros, no porque sea lo que tenga que pasar. Porque lo que tiene que pasar, parece tan estático, que da miedo. Porque a veces pide que decidas. La mayor parte de mis decisiones son tomadas por impulsos. No siempre dan el mejor resultado, pero no por ello me arrepiento demasiado. Porque le hice caso a mis tripas. El estómago y los pulmones (no, no diré el corazón, ese se limita a decir “pom-pom-pom...”) son mis mejores consejeros. Si algo no me deja comer, o respirar, es que no es bueno para mí, aunque parezca lo mejor. Y ahora los dos estaban tranquilos, les gustaba esta época. Pero salió la palabra “posicionarse”, y creo que empiezan a rebelarse. ¿Y si el resultado de ese posicionamiento, esté en el extremo que esté, no parece el adecuado? No, no sé lo que quiero y no me posicionaré. Ojalá pudiera darte algo que te dejara fluir. Porque aun manteniendo el curso, la tristeza planea por encima de mi cabeza. No quiero escucharla. Sé que me quiere envenenar. Que no tengo derecho a transformar la información recibida en pequeños puñales, cuando nunca nació con esa finalidad. No posicionarse debería calmar los miedos, la anticipación de algo que realmente no sabes si surgirá. Cada uno encuentra su posición con el tiempo. Mejor dormir, y esperar que pase la tormenta. Y las aguas volverán a ver su cauce.

Y después de este rollo no puedo evitar preguntarme: los que no nos posicionamos, a nuestro modo ¿también cogemos una posición? ¿y qué queremos decir con ello? ¿por qué no somos capaces de decirlo?


“Si aceptamos que la vida humana se rige por la razón, la posibilidad de vivir queda destruida”. (Hacia rutas salvajes)

SECUESTRADOS

DIRECTOR Miguel Ángel Vivas
GUIÓN Miguel Ángel Vivas, Javier García
REPARTO Fernando Cayo, Manuela Vellés, Ana Wagener, Guillermo Barrientos, Dritan Biba, Martijn Kuiper, Xoel Yáñez, Candela Fernández
SINOPSIS "Jaime, Marta y su hija Isa acaban de mudarse a una selecta urbanización de las afueras. Mientras se preparan para celebrar la primera noche en su nueva casa, tres encapuchados irrumpen violentamente en la vivienda con el objetivo de robar y sin importarles el horror que siembren a su paso."

Impactó en Sitges. Impactó en mi casa. Brutales situaciones. Brutales interpretaciones. Violencia gratuita que te absorve desde la pantalla. No querer mirar y no poder apartar la mirada. Pedir más, mientras intentas recordar dónde conseguías el oxígeno. Saber que después espera una película más amable, pero no poder empalmarlas. Necesitar media hora de recuperación, de replanteamiento, de superación de la pérdida de la confianza en la especie humana, y su instinto de supervivencia. Preguntarte cómo actuarías en una situación extrema. Ser consciente que nunca la has vivido. Esperar no tener que vivirla.