lunes, 25 de enero de 2010

Reapariciones

Una vez tuvo una tía. Su madrina. Era la hermana pequeña de su madre. Le enseñaba a bailar r'n'r.
Esta tía tuvo una hija. Su prima era ocho años más pequeña que ella.
Un día, sin venir a cuento, su tía cada vez pasaba menos por casa. Ya no bailaban juntas, ya no venía a despotricar sobre su familia política. Hasta que un día, una discusión telefónica hizo que todo volara por los aires. Su madre sólo lloraba, y como no respiraba, no podía explicarle con claridad qué había pasado. Posiblemente, a sus doce años, tampoco lo habría entendido.
Ella llamó a su tía varias veces, y quedó algún día para poder ver a su prima, a la que adoraba. Pasaron unos cuantos meses más, pero un día su tía decidió que tampoco quería contacto con ella. La pobre niña no lo entendió. Su madre nunca se lo había prohibido, y no entendía porque ya no podía ver a su prima. Pero así fue, y esa parte de la familia pasó a ser algo que nunca había existido.

Hasta hoy, casi veinte años después, en que esa tía ha tenido el valor de dar señales de vida a su sobrina, vía facebook (bendita tecnología). ¿Y ahora qué? ¿Cuál es la idea? ¿Desenterrar a la parte muerta de la familia? Ella cree que no. Su prima tiene ya 21 años, y ningún recuerdo de que hubo un día que jugaron juntas. Y es que hay relaciones, que con los años, dejan de tener sentido.

No hay comentarios: