Un mensaje sin importancia. Una propuesta para ir al cine. No los conozco. Se duda entre dos películas. Una ya la he visto. Me da pereza. Pero la alternativa de quedarme en casa sé que esta tarde no es buena idea. Me proponen saludar a los que van al cine y no entrar. Cambiarlo por un helado. Mejor. Empieza la quedada. Tres personas. Una, el nexo de unión. Llegan cuatro más. Nos ponemos en contexto. Nadie es de Vilanova. Sólo la mitad somos catalanes. Nadie se siente aún en casa. No llegan al cine, las cañas se alargan, y se suman las tapas. Se añade otra persona. “Siempre que paso por esta terraza camino de mi casa pienso: un día estaré en ella con un grupo”. Nos reímos, de lo triste que suena, pero a la vez divertido. Aplausos. Planes. Y nos separamos con una sonrisa. Por primera vez, y en lunes, me meto en la cama sintiéndome un poco en casa.
"Si te empeñas en recuperar lo que te arrebataron acabas perdiendo otras cosas, lo que hay que hacer es intentar taponar la herida." (No es país para viejos)
martes, 13 de septiembre de 2011
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