La gente tiene necesidad de etiquetarse y posicionarse. Saber dónde está, por dónde se mueve, qué puede esperar. Yo ahora mismo no es que no tenga esa necesidad. Es que no me siento capaz de hacerlo. Blanco o negro. Felicidad o tristeza. Rico o pobre. Izquierda o derecha. Todo o nada. Y aceptando una de las posiciones, aceptas los compromisos que llevan consigo. Y deja de ser divertido, de ser amable, de hacerte sonreir, para pasar a ser una obligación. Una presa que impide que el río siga fluyendo. Convertirse en un estanque, cuando en realidad el agua debería seguir su camino. Si como dicen, la naturaleza es sabia, cada uno para dónde debe. Y eso no es una elección, es una tendencia. Siempre me ha gustado “bajar rodando” a casa. Y en la vida me gusta funcionar igual. Que las cosas sean fáciles de vivir. Que pasen porque es lo que pide cada uno de tus poros, no porque sea lo que tenga que pasar. Porque lo que tiene que pasar, parece tan estático, que da miedo. Porque a veces pide que decidas. La mayor parte de mis decisiones son tomadas por impulsos. No siempre dan el mejor resultado, pero no por ello me arrepiento demasiado. Porque le hice caso a mis tripas. El estómago y los pulmones (no, no diré el corazón, ese se limita a decir “pom-pom-pom...”) son mis mejores consejeros. Si algo no me deja comer, o respirar, es que no es bueno para mí, aunque parezca lo mejor. Y ahora los dos estaban tranquilos, les gustaba esta época. Pero salió la palabra “posicionarse”, y creo que empiezan a rebelarse. ¿Y si el resultado de ese posicionamiento, esté en el extremo que esté, no parece el adecuado? No, no sé lo que quiero y no me posicionaré. Ojalá pudiera darte algo que te dejara fluir. Porque aun manteniendo el curso, la tristeza planea por encima de mi cabeza. No quiero escucharla. Sé que me quiere envenenar. Que no tengo derecho a transformar la información recibida en pequeños puñales, cuando nunca nació con esa finalidad. No posicionarse debería calmar los miedos, la anticipación de algo que realmente no sabes si surgirá. Cada uno encuentra su posición con el tiempo. Mejor dormir, y esperar que pase la tormenta. Y las aguas volverán a ver su cauce.
Y después de este rollo no puedo evitar preguntarme: los que no nos posicionamos, a nuestro modo ¿también cogemos una posición? ¿y qué queremos decir con ello? ¿por qué no somos capaces de decirlo?
“Si aceptamos que la vida humana se rige por la razón, la posibilidad de vivir queda destruida”. (Hacia rutas salvajes)
miércoles, 5 de octubre de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario