Llega el temido día de la verbena de San Juan. La gente hace planes. Yo planifico quedarme en el sofá. Pero intento ser realista. Soy nueva en el pueblo, no conozco gente, y esta es una buena oportunidad. Así que acepto el plan que al no depender de coche, me permite escapatoria: cena y mojito en la playa.
Y me mentalizo toda la semana. Pero darle muchas vueltas es peor. Soy consciente que no me apetece conocer gente. Ya tengo gente! Y menos así, como prestada, no por elección. Y pienso en mi casa. Sí, MI CASA, y pienso en Lavapiés, y en que las vacaciones me han sentado genial, y ya puedo volver. Ah, no, que no eran vacaciones... Y otra vez me quedo sin aire.
Echo cálculos. Con la que he liado, he de aguantar como mínimo un par de años, para compensar a mis padres por el esfuerzo. Y no marcharme con un contrato inferior a dos años. Bueno, a uno. No, a seis meses. Y la conciencia no me deja bajar más.
Y con el porcentaje de oxígeno reducido, bajo a la playa. Primer contacto. Gente agradable. Pero gente de otros. Conversaciones de pueblo catalán: dimonis, música catalana... Y yo me entretengo mirando los fuegos artificiales. Porque a pesar que todo está listo para cenar, se decide esperar a los rezagados, que deciden rezagarse una hora y media. Cuando llegan ya es muy de noche, no queda hambre, el estómago ha pensado que no le toca cenar, y la falta de luz no ayuda. “Cómo pasa el tiempo, en dos o tres meses, ya está aquí septiembre”. “Claro, así al azar, en plan sorpresa”. Sonrío. Me siento bien, relajada. Sin más.
Se recoge la cena y vamos al chiringuito. Se acaban las conversaciones, ya que el volumen de la música no las permite. Música instrumental que acompañaría un cóctel en un cojín, pero no invita a bailar. Y pienso que ya he conocido bastante gente por esta semana. Y me vuelvo a casa, pensando en las terrazas de Lavapiés.
Y lo que de verdad me preocupa, es que sé que si mañana volviera a mi barrio, volvería a ver fantasmas (su fantasma) en cada esquina, en cada bar, y volvería hacia atrás. Ahora sólo es cuestión de tiempo, que dicen que lo pone todo en su sitio. Pues a ver si sabe situarme a mí.
“Nunca digas adiós, porque decir adiós, significa decir, irte lejos, irte lejos significa irse. E irse, significa olvidar.” (Peter Pan)
lunes, 27 de junio de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario