Hace poco acabé un libro de Chuck Palahniuk. Cançó de Bressol. La temática gira en torno a la posibilidad de matar a quien creas conveniente, sin ser nunca descubierto, y si es posible tener este poder sin corromperse. Argumento parecido al de la seria manga “Death Note”, que ya me planteó el debate interno en su momento.
El tema del poder no es algo que nunca me haya interesado demasiado. Pero sí la duda de ¿quién merece morir? Duda sobre la que tengo mis propias respuestas, nunca dichas en público, por corrección política. Pero, ¿quién no ha deseado nunca al estar a punto de ser atropellado en un semáforo verde “ojalá te estampes”? ¿Y hacer que algún que otro choni se trague el móvil en el metro? En mi caso fue no hace demasiado, un par de semanas. Estaba a punto de subir a un tren que llevaba más de cinco minutos parado, cuando fui arrollada por cuatro personas de mediana edad, tirando ya a la siguiente fase, que decidieron que no querían seguir en ese tren. Las puertas se cerraron, y se fue sin mí. Mi primer pensamiento fue “Ojalá os caigáis a la vía”. Cuando me fui a dormir esa noche, todavía les deseaba un infarto.
Y aquí, Palahniuk nos plantea: ¿Merece ese padre de familia, que hace voluntariado y trabaja en la Cruz Roja, la muerte? ¿Y si te empuja por la calle sin disculparse? ¿Y si pone la tv demasiado alta y no te deja concentrarte? ¿Y si sus hijos no están bien educados y los odias como vecinos?
Y veo cada vez más claro, que es un poder que ninguna persona debería tener. Porque ya sin él, raro es el día que no tenga que coger aire, y contar 1, contar 2, contar 3...
viernes, 8 de julio de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario