Hace años que me planteo sacarme el título de monitora. Siempre me han echado para atrás dos cosas: que lo dan asociaciones de esplais o similar, y la dinámica totalmente vivencial con la que se imparte. Éste año he decidido no ponerme más excusas, y ya he superado más de una semana de clases.
La sorpresa agradable es que la media de edad supera los 18 y se sitúa en los 25. La desagradable es una introducción de dos horas en las que nos hablan de la importancia del grupo como herramienta, y de la finalidad de formar nosotros mismos un grupo compacto, hasta el punto, que el trabajo final sólo tiene dos opciones de entrega: individual, o grupal de toda la clase (21 personas).
Empiezan los juegos y la participación. Pienso que sólo he de aguantar un mes, y que total, esa gente (que en breve parece ser que será mi super grupo) no me conoce de nada y pocas posibilidades tienen de verme el pelo. Por primera vez en un mes la playa me parece la mejor opción para pasar mis mañanas.
Al poco de iniciada la primera clase, ya nos hablan de la asociación, de la necesidad de voluntarios para prensa, investigación, etc. Y la gente en paro. No me queda claro si a parte de los responsables, alguien más está en nómina.
Desde mi individualismo, me posiciono en una zona de escepticismo, a verlas venir, mientras pienso dónde y cuándo haré las prácticas. Mantengo mi actitud (esta vez interior, enmascarada tras una amplia sonrisa y afabilidad) de no querer conocer gente. En el fondo creo que como terapia de choque, no me viene mal del todo.
A los pocos días, habituada ya a la gente y el funcionamiento, me cuesta menos salir de casa. Pienso en mis tiempos en l'escola bressol, lo que me costó funcionar con un equipo, y cómo lo disfruté finalmente. Reconozco limitaciones autoimpuestas, y creo que me irá bien esforzarme para no acabar amargada. Sin perder esa distancia invisible que a veces sólo yo sé que existe. Me sorprendo la autoridad académica que mis compañeros me dan, sin tener yo ni idea de lo que se habla. E intento perderla poco a poco. Porque no es una carrera lo que me separa de esos compañeros. Somos mi predisposición y yo misma.
“—¿A donde nos llevan?
—A México.
—¿Y qué hay en México?
—Mexicanos.” (Abierto hasta el amanecer)
Vistas: “X-Man”, “Resacón 2”
Leídos: “IQ84” (Haruki Murakami); “Cançó de Bressol” (Chuck Palahniuk)
Leyendo: “Mil soles espléndidos” (Khaled Hosseini)
viernes, 8 de julio de 2011
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