miércoles, 31 de agosto de 2011

Prácticas


Este último mes he estado de prácticas en el Raval. La primera quincena, en un casal con niños de 9 a 10 años. La segunda, en el mismo centro, pero sólo horario de comedor.
Contra todo pronóstico, me lo he pasado genial trabajando con niños. Pero he querido matar al equipo (por llamarlo algo) de monitores. A uno en especial. Y me ha hecho dudar de mis capacidades de trabajar al mismo nivel. ¿Me he vuelto una marimandona? Pero con los días compruebo que no, que sólo doy órdenes a quien creo que se dedica a tomar las decisiones incorrectas. Siempre. Y con los días aprendo a dejar que las tome. Si la cosa no funciona, no es mi problema.
Y por fin llega la última semana. El horario de comedor es mortalmente aburrido. Una mezcla de chacha y vigilante. Sí, hay que hacerlo, pero la edad del voluntariado hace tiempo que se me pasó, y trabajar gratis no es lo que me toca. Ni hacer este curso, que en realidad se suele hacer a los 18 años, y que me abre puertas laborales que normalmente se dirigen a estudiantes. Y si entro en este camino, entro en sueldos que me permitirán llegar a final de mes, si no como demasiado y no me muevo del sofá en mi tiempo libre. Intento no pensar en ello. Intento no pensar en a dónde he llevado mi vida.

“No soy un completo inútil… Por lo menos sirvo de mal ejemplo.” (Les Luthiers)

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