Dirección: Ignacio Ferreras
Guión: Ángel de la Cruz, Paco Roca, Ignacio Ferreras, Rosanna Cecchini (Cómic: Paco Roca)
Música: Nani García
Sinopsis: "Emilio y Miguel, dos ancianos recluidos en un geriátrico se hacen amigos. Emilio, que padece un principio de Alzheimer, cuenta inmediatamente con la ayuda de Miguel y otros compañeros que tratarán de evitar que vaya a parar a la planta de los desahuciados. Su disparatado plan tiñe de humor y ternura el tedioso día a día de la residencia, pues para ellos acaba de empezar una nueva vida."
Una serie de ancianos enfrentándose con humor, ironía, y a veces un punto de crueldad, a una vejez que no siempre es amable con nosotros. Una dedicatoria que nos recuerda que los años pasan para todos. Un tema duro, pero tratado sin pizca de melodrama. Simplemente se habla de algo existente, y cómo enfrentarse a los problemas que surgen en el día a día, y los cambios vitales que se pueden sufrir en diferentes etapas. Un poco banalizado el tema de los familiares. Ante el dilema y los remordimientos de muchas familias por la necesidad de buscar un lugar donde sus padres estén bien cuidados, en un mundo donde ya es difícil cuidar a los propios hijos, en el que pasamos más tiempo en el trabajo que en nuestra casa, en que sólo vemos a nuestras familias unos minutos al día, y necesitamos que esos minutos sean de calidad, aquí se habla como si los ancianos fueran una molestia a la hora de ir al teatro o salir con los amigos.
Evidentemente, la buena o mala visión que uno tenga de las residencias es algo cultural. Y en esta cultura incluiremos también las creencias familiares. De mis cuatro abuelos, sólo uno pasó por una enfermedad degenerativa. Se tardó muchos años en decidir acudir a una residencia. El resultado de esos años fue dos hermanas que nunca más volvieron a dirigirse la palabra, y una crisis matrimonial importante. Yo miraba asombrada, e intentaba entender qué pasaba desde el punto de vista de una niña. Desde entonces, evito las residencias, y no me entusiasma la relación con los ancianos. Y con esto no quiero decir que no sea consciente de la riqueza histórica y emocional que ellos nos aportan. Simplemente no puedo. Siempre les he dicho a mis padres que los adoro, pero que no permitiré que su presencia haga flaquear la unión de mi propia familia. Y no quiero que en un futuro, mi presencia sea una carga (quizás el primer error de interpretación occidental es que vivimos esta situación como una carga) para nadie. Ni defiendo ni critico. Creo que es una de los temas más delicados con los que nos podemos encontrar actualmente. Y por esto mismo, me ha encantado una película donde se obvia el drama y se presenta una mirada hacia adelante, con risas, esfuerzos, y un enfrentamiento a los últimos días con la mayor dignidad posible. Porque la dignidad está dentro de cada uno, va con su historia, con los años vividos, y va mucho más allá de la capacidad de conseguir mantener la sopa dentro de la boca.
sábado, 3 de marzo de 2012
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